Un dato meteorológico solo sirve si sabemos de dónde viene y cuánto podemos confiar en él. En esta página explicamos, sin tecnicismos innecesarios, cómo se elabora la información que entregamos.
Publicar el método es también una forma de ser honestos: preferimos que usted conozca los límites de lo que hacemos antes de contratar, y no después.
De dónde salen los datos
Partimos de tres familias de información. La primera son las observaciones de redes oficiales y automáticas, que describen lo que ha ocurrido. La segunda son los modelos numéricos de predicción, que simulan la evolución de la atmósfera. La tercera son los datos geográficos: relieve, altitud, distancia al mar y uso del suelo.
- Observaciones horarias de estaciones de superficie y de boyas.
- Salidas de modelos regionales de alta resolución sobre Europa.
- Modelos globales para la tendencia a medio y largo plazo.
- Capas de relieve y cobertura del suelo para el ajuste local.
El ajuste al punto exacto
Un modelo regional trabaja sobre una malla de varios kilómetros cuadrados. Su parcela, su nave o su tramo de carretera son mucho más pequeños que esa malla. Para salvar esa distancia aplicamos un ajuste estadístico entrenado con observaciones de la zona, que corrige el sesgo de altitud y de orientación del terreno.
El resultado es una serie de valores para la coordenada que usted ha definido. El proceso no inventa precisión donde no la hay, pero reduce errores sistemáticos que aparecen cuando se toma el dato de la capital como si valiera para toda la comarca.
Control de calidad
Antes de publicar cualquier valor aplicamos controles automáticos que detectan observaciones incoherentes, saltos imposibles y valores fuera de rango. Los registros sospechosos se marcan y se revisan antes de incorporarse a las series definitivas.
Además, comparamos de forma continua la previsión con lo observado. Cada mes medimos el error medio y el sesgo por punto, y esos indicadores alimentan la revisión de la configuración de cada cliente. Si una ubicación presenta desviaciones sistemáticas, lo comunicamos y proponemos ajustes.
- Controles de rango y de coherencia entre variables.
- Comparación permanente entre previsión y observación.
- Revisión manual de los episodios significativos.
- Indicadores de error por punto y por variable.
Interpretación y asesoramiento
Los datos no deciden por sí solos. Nuestro equipo los interpreta junto al cliente para convertirlos en recomendaciones concretas: cuándo conviene adelantar una labor, cuándo conviene esperar y cuándo el riesgo justifica activar un plan alternativo.
En los episodios adversos, un meteorólogo revisa manualmente la situación antes de lanzar los avisos. Esa revisión humana permite matizar los mensajes automáticos y añadir contexto sobre la evolución esperada y la confianza del pronóstico.
Mejora continua
Revisamos periódicamente el rendimiento de nuestro sistema y probamos las mejoras antes de aplicarlas a los clientes. Cuando una actualización puede modificar los valores que usted recibe, lo avisamos con antelación y explicamos en qué consiste el cambio.
También incorporamos el conocimiento del terreno que aportan nuestros clientes. Nadie conoce mejor que ellos cómo se comporta el viento en su valle o dónde se acumula el frío en su finca. Esa información nos ayuda a ajustar mejor y a detectar puntos problemáticos antes de que lo sean.